Hay muy poca gente . . . .

Como dice mi brother Roberto Castañeda, en algún manual, “Soy un fabricante de odios”. Y esto pude deberse a que afortunada o desafortunadamente cuando se presentan situaciones que afectan de manera directa a mi persona, suelo poner freno de mano y tomar al toro por los cuernos.

Es decir, si algo no me agrada de una persona o situación en particular, suelo hablarlo cara a cara y hacer un señalamiento de lo que no me pareció. Pero muchas veces, me tachan de Ogro- come niños, perfeccionista o simplemente de un mamón incomprendido.

Pero que puedo hacer, no soy de los gusta vivir dualidades y hacer algo, que no va acorde a lo que digo. Tampoco me gusta poner pretextos y luego hacerme al tonto. Prefiero decir mi molestia y si eso conlleva a liquidar la relación amistosa, laboral o amorosa, pues como dice Sabina, este adiós no maquilla un hasta luego/ este nunca no esconde un ojalá/ estas cenizas no juegan con fuego/este ciego no mira para atrás/ este notario firma lo que escribo/ esta letra no la protestaré/ ahórrate el acuse de recibo, / estas vísperas son las de después/ este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos ya no lloran más por ti."

En fin, quizá ya este harto de falsedades, inmadureces y relaciones insanas. Estoy reventado de bipolaridades, falta de lealtad y sinceridad. Me siento arrinconado en la esquina, cuatro rudos me golpean y no me sueltan hasta dejarme la máscara en girones.

Pero no todo es tan dramático, ser fabricante de odios, tiene sus ventajas. Siempre existirán amigos leales, noches de tertulia incomparables, enemigos que te subestiman y terminan lloriqueando, un primo que te pide auxilio con sus apariciones fantasmales, hermanas que saben abrir tu caja de pandora, canallas que tienen las palabras exactas para alentarte y un Master Yoda que sabe cuando sacudirte y levantarte.

Escribo esto y parece que Bunbury engloba lo que siento al cantar /Nada puede dañarme con mis amigos/ nadie puede, nada puede/ las palabras no sirven para nada/y empiezo a pensar que en realidad/ hay muy poca gente/Y abrimos las puertas, quizás por costumbre/tal vez por búsqueda inocente/y nos encontramos...

Solo me resta decir que afortunadamente, hay muy poca gente.

Como han pasado los años . . .


Ayer, sentí en carne propia el dicho "Todos llevamos un niño adentro" (sin albur en el contenido de esta frase). Eran cerca de las 4 de la tarde, caminando por el parque de la colonia en compañía de la Señorita Etcétera y nuestros progenitores, recorríamos los prados remodelados de nuestro diminuto pulmón colonial.

Justo frente a nosotros apareció. Era el mismo, pero remodelado. ¿O era otro?. No, sin duda era el mismo de hace 15 o 20 años. Estaba ahí, como saludándonos.

Si, era nuestro juego tubular de la telaraña en donde pasamos tantas horas felices cuando eramos pequeños. La señorita Etcétera no contuvo las ganas y como en sus tiempos mosos, dio rienda suelta a su emoción, no tardo en estar colgada de los tubos de la telaraña (no sin antes recordar que aún es torpe para subir por las escaleras y descender de la forma correcta, optando por subir por el lado más fácil evitando vergüenzas)




Cuando nos dimos cuenta estabamos rodeados de recuerdos, ahí estaba el elefante de piedra, el caballito blanco en donde me tome la foto cuando aún no tenia la metamorfosis física y era bonito, el oso que parece pingüino, el chivo con cuernos de pretzel y la jirafa que tampoco hablaba.

En fin, 5 minutos bastaron para regresar a la época del Calcetose, Emulsión de Scott, He-man, Barbies, caricaturas del 11, acetatos de cuentos infantiles y las idas al parque los fines de semana.

Pero al cruzar la última jardinera, la normalidad regreso. Me di cuenta que tengo 27,que a mi padre le han pasado los años, que la señorita Etcétera ha crecido y que la torpeza motriz nunca se le quito y que Doña Chana ya camina cansada. Pero que al final, es reconfortante saber que tenemos un niño en nuestro interior.

¿Cómo pasa el tiempo no creen?

Usted no es Bienvenido Sr. Presidente ! ! !

"Si a usted le mataran a uno de sus hijos, buscaría hasta debajo de las piedras para encontrar al responsable, pero como yo no tengo los medios pues no puedo hacer eso". Sin duda son palabras llenas de dolor, impotencia y coraje.

Así es como una madre que perdió a sus hijos en la pasada balacera a jóvenes en Ciudad Juárez, increpo al mandatario de esta nación. Y no es para menos, que tiene que suceder más en este país para poder hacer un cambio, sacudirnos la pereza política y generar desarrollo social en México.

¿Qué más falta para darnos cuenta que el sistema político, económico y social se resquebraja día a día? ¿Cuantos llantos de madres, padres y hermanos tenemos que seguir soportando?

Los medios están mas preocupados por que Salvador Cabañas ya comió papilla, ya no se orina en el pañal y por detener al J.J. para hacer justicia ante un atentado tan grave.

¿Y la muerte de mujeres en Juárez es broma?, ¿el sufrimiento de niños que limpian parabrisas por el día y en la noche son prostituidos?, ¿la escaces de empleo?, ¿el alza en el comercio informal?,¿que el narcotráfico y la delicuencia se apoderaron de las venas de nuestro país? me pregunto ¿no vale la pena atenderlo por que no somos figuras públicas?

Sin duda, para nuestros empleados de las cúpulas políticas el Bicentenario es una plataforma política y no una identificación con los ideales revolucionarios por los que miles de mexicanos murieron buscando la justicia social y equidad económica.

Así que sin duda, no, no es bienvenido a mi país Sr Presidente.


GIGANTECO ! !


Después de realizar una búsqueda minuciosa de frases celebres pronunciadas por hombres ilustres en victorias prominentes, debo aceptar que sencillamente no encontré ninguna, para describir con precisión la mezcla de sentimientos existentes en mi.

Sin miedo a fallar en mi aseveración, que las grandes victorias son momentos gloriosos, únicos, irrepetibles y supremos, pienso que falta un adjetivo para describirlas.

Si, deberíamos resumir que la victoria simple y sencillamente es “Gigantéca”.¿Y que es Gigantéco? Si bien, la definición lamentablemente no se encuentra en un diccionario cotidiano, existe en el mío. Es una palabra que transmite fortaleza, sentimientos, recuerdos y muchas satisfacciones.Su traducción podría quedar: Adjetivo usado por bebe prematura inquieta como sinónimo de grandes hallazgos.

Pero, ¿Por qué hablo de palabras desconocidas? Hoy es una fecha inolvidable, de esas que solo pasan una vez en la vida. Para cuando se lea esto, el triunfo será nuestro.

Tres intensos años de aprendizaje, dedos cortados, stress a tope, amigos que se volvieron hermanos, lágrimas derramadas, computadoras descompuestas, madres que soportaron ataques de ansiedad, padres que se volvieron instituciones bancarias y muchas caídas dolorosas.

El 4 de febrero sabe diferente. Hoy comparto con ustedes mi victoria más grande.
Habemus Artificium, o lo que es lo mismo, Tenemos Diseñadora.

Claro, que para llegar hasta aquí, tuvo que pasar por muchísimas pruebas, la más importante, fue salir de una incubadora pesando 2.900 kg y aferrarse a derrumbar los diagnósticos médicos desfavorables. Pasar por una niñez en donde aprendió que las cosas de la vida más sencillas como caminar por el parque, ver caricaturas del canal once, jugar en la calle con una caja de gises y estar con los suyos, vale más que cualquier cosa.

Asimiló estar orgullosa del dolor, porque todo dolor es un recordatorio de nuestra condición elevada y por consecuencia el salir avente en las adversidades.

Y es que esa pequeña niña, que se preguntaba porque las jirafas del zoológico no hablaban como en las caricaturas de la tele, esa bodoque que me perseguía con una espada verde de plástico por defender su caja de colores Prismacolor, la chiquita que pasaba horas dibujando con sus plumones, ella, se convirtió en mi mejor amiga, en mi inspiración, mi ego y en una parte fundamental de mi vida.

Hoy entiendo a mi padre cuando dice que tus triunfos son mis triunfos y tus derrotas las mías.

Pero ahora, ya no importan los tiempos difíciles que se vivieron, hoy debemos festejar.

Debemos celebrar, porque hoy, simple y sencillamente es un día Gigantéco.


El recuento de los daños

A 2009 lo definiría como un año caleidoscópico, las cosas que ví, viví e intento aprender fueron tan variadas, como cuando de niño giraba ese tubo de cartón con fragmentos de cristales para crear formar irrepetibles.

365 días que me ayudaron a luchar por ser, como dice Bunbury "el hombre delgado que no flaquera jamás". Y es que hubo una época dura, donde sentía los brazos pesados, mis piernas no se movian y las llaves que aplicaba eran infructuosas en el intercambio de golpes que sostenia con la vida.

Debo aceptar, que hubo momentos donde pense quitarme la mascara y darme por vencido, pero justo ahí cuando el temor te invade, te das cuenta de un pequeño grupo de personas a tu lado que te curan las heridas, están en tu esquina apoyandote y te inyectan el coraje de seguir peleando.

Pero así como existe el bando técnico, los rudos no dejaron de hacer marrullerías para entorpecer las victorias, debilitar al equipo y fragmentar la estabilidad que se tenia. Afortunadamente fueron muy pocas las victorias que lograron.

Hoy, faltando unos días para que el 2009 se vaya, rompere la tradición de reclamarle por que no me dejo concluir varios proyectos y mejor cambiare el enfoque. Quiero agradecerle enormemente, la oportunidad de arreglar mi brújula para que siga orientando mis velas rumbo a Ítaca, que 144,000 dejó de ser un simple número y se convirtio en un motivo para no dejarme caer nunca y recordar que el agradecimiento se practica siempre. Y que el café orgánico, los plotters, illustrator y las uñas mordidas confirmaron que la hermandad es mucho más que compartir un techo, es saber que eternamente estas enlazado en espiritú con alguien.

Y es que entre tacos de carbón, música de Sabina, columnas periodisticas, platicas sobre Derecho y la muerte, bultos de cemento, aplicación de tintes Revlon, maletas en el aeropuerto, marchas con el SME, recordar geometría analítica y sistemas de COI, me han enseñado que aunque no compartimos la misma sangre no hay impedimento para crecer y llegar juntos y a tiempo.

Vayan estas líneas acompañadas de un enorme abrazo y unas eternas gracias a cada uno de los que estuvieron en otro año más. Porqué sin duda, no habria podido pararme de la lona sin todos ustedes.