Así es como sucede
Hoy es domingo de futbol, los dos eternos rivales se enfrentan en la final, 90 minutos para declarar un campeón.
Todos los preparativos están listos, el campo del estadio es una alfombra verde, las tribunas comienzan a vestirse de colores y un creciente bullicio se apodera paulatinamente del estadio.
En el vestidor la charla técnica está en su apogeo, en el pizarrón, el D.T. dibuja frenético los diferentes parados del equipo, habla de un 4-4-2 que se puede convertir en 5-3-1, pide a lo volantes que recuperen y suelten fácil, a los delanteros que busquen las espaldas, que la defensa tire el achique, pero sobre todo que disfruten ese partido como si fuera el último de sus vidas. Este juego tiene un toque especial, hoy se retira de las canchas el mítico 10 del equipo, el capitán de mil batallas. Las lesiones durante este inicio de año lo han tenido mermado, no ha podido aportar como el quisiera, pero la afición, cuerpo técnico y directiva, sabe que es el indicado para estar en un partido así.
Tocan la puerta del vestidor, el arbitro auxiliar les hace saber que llegó la hora. Todos se abrazan antes de saltar a la batalla, están listos. Los dos equipos por fin se encuentran en el pasillo y comienzan el camino hacia la cancha.
Al salir de los túneles oscuros, la luz del sol ciega por un instante la mirada, pero al pasar el efecto la visión es asombrosa, un estadio Azteca pletórico, lleno a reventar, desde la grada se escuchan los cánticos que enchinan la piel, las banderas que ondean desde todos los rincones, el pasto esta listo para ver correr el balón y lo más importante el cielo es completamente azul.
El silbido del árbitro da inicio a la contienda, el balón corre de un lado a otro entre veintidos piernas que buscan tratarlo de la mejor forma para que sean bendecidos con la plegaría más grande esa tarde, el gol. Pero la tarea de conquista no es nada fácil, barridas, empujones, tiros de esquina, balones detenidos, hacen que se niegue a llegar el invitado.
Desde la tribuna se escucha al técnico gritar "¡Ramón, Ramón, pide el pase filtrado por la banda izquierda!" y ahí es donde aparece la magia, el número 10 hace una diagonal, recibe perfilado y con esa experiencia y calidad que mostró durante toda su carrera, empalma el balón de manera magistral y lo anida en las redes.
El grito de gol es ensordecedor, el estadio se pinta completamente de Azul, toda la banca corre al festejo, es el primero que abre las esperanzas.
Comienza el segundo tiempo y el equipo rival agobia, muerde, presiona, en una jugada de contragolpe por fin logra penetrar la defensa, empatan el juego. Uno a uno el marcador. El diez que ha luchado, corrido y soportado, de nueva cuenta se carga el equipo al hombro, comienza a deleitar a la tribuna, pase va, pase viene nada los detiene, o eso parece, entonces una barrida artera por detrás sobre su pierna derecha lo deja lastimado.
Los doctores corren a ver que paso, el estadio enmudece, hay preocupación porque Ruiz está en el suelo. Hacen señas de que no puede más, está muy lastimado y se necesita un cambio. La banca comienza a calentar. Pero de pronto pasa lo inimaginable Ramón se levanta para continuar. Un comentarista sorprendido dice "[...] como en toda su carrera una vez más demuestra que es un guerrero azul y porque tiene que estar en la cancha."
Ruiz sigue jugando, pero el partido es duro y el rival busca parar a como de lugar al 10 azul que ha causado estragos por la banda izquierda a pesar de estar lesionado. Quedan unos minutos para que el partido se vaya a tiempos extras de continuar así el marcador.
Se necesitan piernas nuevas, así que desde la banca se prepara el cambio. La voz del estadio anuncia "cambio del equipo azul, sale con el número 10 Ramón Ruiz" es en ese momento cuando todo el estadio se pone de pie para reconocer la enorme trayectoria de este jugador, los directivos desde el palco aplauden, los cánticos corean a un unísono OE, OE ,OE ,OE Ramón, Ramón, el 10 no puede contener la emoción y sale aplaudiendo y con los ojos llenos de lagrimas al sentir el amor sobre su persona.
En la línea de cambio lo espera con el número 12 Beto, su hijo, un joven con poca experiencia y mucha trayectoria por recorrer, pero reconocido por la misma extirpe de guerrero que su padre. Cuando el 10 se acerca a la banda, abraza a su hijo y le susurra al oido, "lo harás bien, debes estar tranquilo, no te preocupes". Se produce el cambio
Minuto 93, se agregaron 3 minutos de compensación. El equipo Azul tiene el balón, sale por la banda derecha, toca al medio campo, le dan la vuelta, buscan por donde generar la jugada de peligro. Con un vendaje especial en la pierna lastimada y parado en el área técnica, los gritos del Capitán retumban desde la banca, ¡a la espalda Beto, a la espalda!. En la cancha, Beto, sigue las instrucciones, pica a la espalda de su marcador, el balón viaja por el aíre para dirigirse a él, ya ganó la posición, recibe el balón y se enfila al portero. Desde la banca se escucha el grito, ¡cruzalo, cruzalo!, el estadio enmudece mientras se desarrolla la jugada, los nervios están a tope y se escucha el impacto al balón.
Medio segundo después el balón está en las redes, el portero vencido en el pasto ante el tiro cruzado, especialidad de los Ruiz, el estadio explota, la afición enloquecida, el arbitro pita el final, el título es nuestro.
Corro a abrazarte a la banca y a agradecerte todos y cada uno de tus sabios consejos, el respaldo que me diste, la confianza que me brindaste y el linaje de guerrero que me heredaste.
Desde la cancha abrazados, buscamos el palco de honor, ahí está mi mamá y mis hermanos, los vemos felices saludándonos.
Y así es como sucede. Así es como se despide un grande.
No pasa un día que no te extrañe papá, no pasa un día sin que quiera escuchar tu voz de nuevo. Pero se, que un grande como tú, tiene que viajar a otros planos para seguir enseñando, guiando y creando como lo hiciste conmigo.
Gracias por ser el mejor padre del mundo. Te amo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario