
Ayer, sentí en carne propia el dicho "Todos llevamos un niño adentro" (sin albur en el contenido de esta frase). Eran cerca de las 4 de la tarde, caminando por el parque de la colonia en compañía de la Señorita Etcétera y nuestros progenitores, recorríamos los prados remodelados de nuestro diminuto pulmón colonial.
Justo frente a nosotros apareció. Era el mismo, pero remodelado. ¿O era otro?. No, sin duda era el mismo de hace 15 o 20 años. Estaba ahí, como saludándonos.
Si, era nuestro juego tubular de la telaraña en donde pasamos tantas horas felices cuando eramos pequeños. La señorita Etcétera no contuvo las ganas y como en sus tiempos mosos, dio rienda suelta a su emoción, no tardo en estar colgada de los tubos de la telaraña (no sin antes recordar que aún es torpe para subir por las escaleras y descender de la forma correcta, optando por subir por el lado más fácil evitando vergüenzas)

Cuando nos dimos cuenta estabamos rodeados de recuerdos, ahí estaba el elefante de piedra, el caballito blanco en donde me tome la foto cuando aún no tenia la metamorfosis física y era bonito, el oso que parece pingüino, el chivo con cuernos de pretzel y la jirafa que tampoco hablaba.
En fin, 5 minutos bastaron para regresar a la época del Calcetose, Emulsión de Scott, He-man, Barbies, caricaturas del 11, acetatos de cuentos infantiles y las idas al parque los fines de semana.
Pero al cruzar la última jardinera, la normalidad regreso. Me di cuenta que tengo 27,que a mi padre le han pasado los años, que la señorita Etcétera ha crecido y que la torpeza motriz nunca se le quito y que Doña Chana ya camina cansada. Pero que al final, es reconfortante saber que tenemos un niño en nuestro interior.
¿Cómo pasa el tiempo no creen?