A casi 365 días


Casi otros 365 días más de experiencia acumulada. Los preparativos están a full. Los ensayos de la banda están por arrancar. Y los cuates esperan la noche del trece para departir unos tragos, música y abrazos. La noche pinta gloriosa.

No puedo evitar hacer mi típico análisis crítico anual y aunque la balanza se inclina un poco más hacia el lado de predicciones no cumplidas, me arriesgo a decir que sin duda fue un buen año.

Las cuestiones laborales, poco a poco comienzan a presentar cosas prometedoras. Los tiempos económicos se despejan, logre deshacerme de personas nada confiables en el momento preciso. Tengo nuevos integrantes en mi tren que han logrado darle mayor color y orientación a mi vida. Re-encontré a viejos aliados. Fortifique los cimientos de mi refugio y parece que el oriente de mis velas comienza a darme una señal.

Sin embargo, nada de esto se hubiera logrado si alguno de mis eslabones hubiera claudicado. Así pues hay que rendir honor a quien honor merece. Veinte ocho años que han costado lágrimas, golpes, sonrisas, abrazos, decepciones, triunfos, borracheras, choques, pañales y muchas horas de aprendizaje, que no serían igual sin ellos.

No sabría el significado de un día Giganteco sin ver a la Señorita Etcétera alzar su mano aquel cuatro de febrero y decir ¡Sí, protesto!. No hubiera experimentado la ternura, sin escuchar a mi madre perdida en lágrimas a kilómetros de distancia decirme por teléfono que la abuela había fallecido. Tampoco conocería el valor, si hace trece años me hubiera negado aceptar la encomienda de mi padre para cuidar a mi madre y mi hermana.

Por eso estos 28 saben diferente. Comienzo a sentirme pleno, agradecido y esperanzado. A casi 365 días más de experiencia acumulada.

Exijo una explicación . . . diria Condorito


¿Por qué los Master’s se van y la escoria para la maza se queda? Es la pregunta que me entro en la cabeza el Sábado a temprana hora, cuando me entere que Ronnie James Dio, la voz del Metal, el creador del Heaven & Hell había dejado de existir. Aún no terminaba de recuperarme de la noticia cuando en Caracas, Cerati, otro ícono de la música caía por un evento cerebral.

¿Qué coño pasa? ¿A caso seré la generación que le toque ver la caída de los grandes? ¿Quién sigue, Jimmy Page, Ozzy, Paul Mccartney?

Sin duda son horas de preocupación para los amantes de la buena música.

Esto lo digo no con el afán de buscar responsables, pero si de hacer notar las incongruencias de la vida, ¿Porque Arjona no se corta una mano mientras afina su guitarra (si es que sabe hacerlo)?, ¿Porque Daddy Yankee no se ahorca accidentalmente con una de sus estúpidas cadenitas?, ¿Porque Moderatto no recibe una descarga eléctrica? ó ¿Por que los Z en vez de llevarse a Diego, acribillan a toda la música de caca de vaca? (entiéndase Duranguense, Banda y demás aberraciones musicales)

Pero bueno, después de esta katarsis y en horas donde la guitarra de Gustavo están sin ser tocada, no me resta decir nada más que . . . LA CIUDAD DE LA FURIA LO SIGUE ESPERANDO, UN ÁNGEL ELECTRICO LO TRAERA DE REGRESO A CASA, LA MUSICA LIGERA LO CALMARÁ Y UN MILLON DE AÑOS LUZ LE QUEDAN POR VIVIR. FUERZA CERATI !!!!

Honor a quien honor merece

Y él limpiara toda lagrima de los ojos y la muerte no será más, ni existirá más lamento, ni clamor, ni dolor. Las cosas anteriores habrán pasado.
Revelación 21:4


Si bien, experimentar la posible visita de Hades a un ser querido, es algo por lo que he pasado. Jamás, éste había ganado ninguna caída. Tampoco, había experimentado la mimetización de un dolor ajeno por teléfono, menos ver tambalear de manera peligrosa a uno de mis pilares y sentirme impotente ante ello. Sin embargo para todo existe una primera vez.

Me gusta creer que cuando uno muere, se termina todo y no existe más allá, ni almas en pena, ni cielo, ni infierno y mucho menos una vida eterna. Sin embargo mi lado poético e imaginativo me hace pensar que uno se vuelve inmortal y viaja hacia el cosmos infinito para formar parte de la bóveda celeste convirtiéndose en una de las millones de estrellas, para de esa forma estar siempre presente con los suyos y que en las noches oscuras donde uno siente la penumbra cubriéndolo todo, saber que desde el manto celeste hay una luz que nos indica el camino.

Seguro puede sonar muy cursi, pero que quieren, también tengo mi lado no tan Grinch. Lo que es verdad es que la familia Chan, sufrió una baja insuperable.

Desafortunadamente, quizá por la distancia geográfica, no puede compartir con mi abuela materna ni mi infancia, mi adolescencia y mucho menos mis derrotas o triunfos. Pese a ello estoy agradecido de por vida con ella. Por visitarla, supe que en Salina Cruz, ir a la playa usando short, calcetines y tenis a los 8 años no era la onda, comía paletas de hielo sin enfermar de asma, probé sus delicias culinarias y supe porque mi madre era tan buena cocinera, fue a la primera mujer que invite al cine y me enseño a cumplir mis promesas a pesar del cansancio.

Pero sobre todas esas cosas, me dejó dos enormes regalos, conocí a una familia que si bien me era ajena, con el tiempo se convirtió en la propia y me dio a la mejor madre.

Tan solo por eso, me quito el sombrero y me pongo de pié, para darle honor a quien honor merece. Carmen Manzano, gracias por ser parte de mi vida.

Y en retribución a ello, prometo cuidar a mi madre como tú lo hiciste durante tu estancia en esta tierra, te garantizo que la nueva generación Chan seguirá más firme, aunque las distancias territoriales nos separen.

Hoy, puedes estar en paz, la vida es un ciclo y el tuyo se cumplió. Sin embargo sé que estarás allá arriba guiándonos con tu luz, en las noches de mar bravía.

Hay muy poca gente . . . .

Como dice mi brother Roberto Castañeda, en algún manual, “Soy un fabricante de odios”. Y esto pude deberse a que afortunada o desafortunadamente cuando se presentan situaciones que afectan de manera directa a mi persona, suelo poner freno de mano y tomar al toro por los cuernos.

Es decir, si algo no me agrada de una persona o situación en particular, suelo hablarlo cara a cara y hacer un señalamiento de lo que no me pareció. Pero muchas veces, me tachan de Ogro- come niños, perfeccionista o simplemente de un mamón incomprendido.

Pero que puedo hacer, no soy de los gusta vivir dualidades y hacer algo, que no va acorde a lo que digo. Tampoco me gusta poner pretextos y luego hacerme al tonto. Prefiero decir mi molestia y si eso conlleva a liquidar la relación amistosa, laboral o amorosa, pues como dice Sabina, este adiós no maquilla un hasta luego/ este nunca no esconde un ojalá/ estas cenizas no juegan con fuego/este ciego no mira para atrás/ este notario firma lo que escribo/ esta letra no la protestaré/ ahórrate el acuse de recibo, / estas vísperas son las de después/ este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos ya no lloran más por ti."

En fin, quizá ya este harto de falsedades, inmadureces y relaciones insanas. Estoy reventado de bipolaridades, falta de lealtad y sinceridad. Me siento arrinconado en la esquina, cuatro rudos me golpean y no me sueltan hasta dejarme la máscara en girones.

Pero no todo es tan dramático, ser fabricante de odios, tiene sus ventajas. Siempre existirán amigos leales, noches de tertulia incomparables, enemigos que te subestiman y terminan lloriqueando, un primo que te pide auxilio con sus apariciones fantasmales, hermanas que saben abrir tu caja de pandora, canallas que tienen las palabras exactas para alentarte y un Master Yoda que sabe cuando sacudirte y levantarte.

Escribo esto y parece que Bunbury engloba lo que siento al cantar /Nada puede dañarme con mis amigos/ nadie puede, nada puede/ las palabras no sirven para nada/y empiezo a pensar que en realidad/ hay muy poca gente/Y abrimos las puertas, quizás por costumbre/tal vez por búsqueda inocente/y nos encontramos...

Solo me resta decir que afortunadamente, hay muy poca gente.

Como han pasado los años . . .


Ayer, sentí en carne propia el dicho "Todos llevamos un niño adentro" (sin albur en el contenido de esta frase). Eran cerca de las 4 de la tarde, caminando por el parque de la colonia en compañía de la Señorita Etcétera y nuestros progenitores, recorríamos los prados remodelados de nuestro diminuto pulmón colonial.

Justo frente a nosotros apareció. Era el mismo, pero remodelado. ¿O era otro?. No, sin duda era el mismo de hace 15 o 20 años. Estaba ahí, como saludándonos.

Si, era nuestro juego tubular de la telaraña en donde pasamos tantas horas felices cuando eramos pequeños. La señorita Etcétera no contuvo las ganas y como en sus tiempos mosos, dio rienda suelta a su emoción, no tardo en estar colgada de los tubos de la telaraña (no sin antes recordar que aún es torpe para subir por las escaleras y descender de la forma correcta, optando por subir por el lado más fácil evitando vergüenzas)




Cuando nos dimos cuenta estabamos rodeados de recuerdos, ahí estaba el elefante de piedra, el caballito blanco en donde me tome la foto cuando aún no tenia la metamorfosis física y era bonito, el oso que parece pingüino, el chivo con cuernos de pretzel y la jirafa que tampoco hablaba.

En fin, 5 minutos bastaron para regresar a la época del Calcetose, Emulsión de Scott, He-man, Barbies, caricaturas del 11, acetatos de cuentos infantiles y las idas al parque los fines de semana.

Pero al cruzar la última jardinera, la normalidad regreso. Me di cuenta que tengo 27,que a mi padre le han pasado los años, que la señorita Etcétera ha crecido y que la torpeza motriz nunca se le quito y que Doña Chana ya camina cansada. Pero que al final, es reconfortante saber que tenemos un niño en nuestro interior.

¿Cómo pasa el tiempo no creen?