Y él limpiara toda lagrima de los ojos y la muerte no será más, ni existirá más lamento, ni clamor, ni dolor. Las cosas anteriores habrán pasado.
Revelación 21:4
Si bien, experimentar la posible visita de Hades a un ser querido, es algo por lo que he pasado. Jamás, éste había ganado ninguna caída. Tampoco, había experimentado la mimetización de un dolor ajeno por teléfono, menos ver tambalear de manera peligrosa a uno de mis pilares y sentirme impotente ante ello. Sin embargo para todo existe una primera vez.
Me gusta creer que cuando uno muere, se termina todo y no existe más allá, ni almas en pena, ni cielo, ni infierno y mucho menos una vida eterna. Sin embargo mi lado poético e imaginativo me hace pensar que uno se vuelve inmortal y viaja hacia el cosmos infinito para formar parte de la bóveda celeste convirtiéndose en una de las millones de estrellas, para de esa forma estar siempre presente con los suyos y que en las noches oscuras donde uno siente la penumbra cubriéndolo todo, saber que desde el manto celeste hay una luz que nos indica el camino.
Seguro puede sonar muy cursi, pero que quieren, también tengo mi lado no tan Grinch. Lo que es verdad es que la familia Chan, sufrió una baja insuperable.
Desafortunadamente, quizá por la distancia geográfica, no puede compartir con mi abuela materna ni mi infancia, mi adolescencia y mucho menos mis derrotas o triunfos. Pese a ello estoy agradecido de por vida con ella. Por visitarla, supe que en Salina Cruz, ir a la playa usando short, calcetines y tenis a los 8 años no era la onda, comía paletas de hielo sin enfermar de asma, probé sus delicias culinarias y supe porque mi madre era tan buena cocinera, fue a la primera mujer que invite al cine y me enseño a cumplir mis promesas a pesar del cansancio.
Pero sobre todas esas cosas, me dejó dos enormes regalos, conocí a una familia que si bien me era ajena, con el tiempo se convirtió en la propia y me dio a la mejor madre.
Tan solo por eso, me quito el sombrero y me pongo de pié, para darle honor a quien honor merece. Carmen Manzano, gracias por ser parte de mi vida.
Y en retribución a ello, prometo cuidar a mi madre como tú lo hiciste durante tu estancia en esta tierra, te garantizo que la nueva generación Chan seguirá más firme, aunque las distancias territoriales nos separen.
Hoy, puedes estar en paz, la vida es un ciclo y el tuyo se cumplió. Sin embargo sé que estarás allá arriba guiándonos con tu luz, en las noches de mar bravía.
Hay muy poca gente . . . .
Como dice mi brother Roberto Castañeda, en algún manual, “Soy un fabricante de odios”. Y esto pude deberse a que afortunada o desafortunadamente cuando se presentan situaciones que afectan de manera directa a mi persona, suelo poner freno de mano y tomar al toro por los cuernos.
Es decir, si algo no me agrada de una persona o situación en particular, suelo hablarlo cara a cara y hacer un señalamiento de lo que no me pareció. Pero muchas veces, me tachan de Ogro- come niños, perfeccionista o simplemente de un mamón incomprendido.
Pero que puedo hacer, no soy de los gusta vivir dualidades y hacer algo, que no va acorde a lo que digo. Tampoco me gusta poner pretextos y luego hacerme al tonto. Prefiero decir mi molestia y si eso conlleva a liquidar la relación amistosa, laboral o amorosa, pues como dice Sabina, este adiós no maquilla un hasta luego/ este nunca no esconde un ojalá/ estas cenizas no juegan con fuego/este ciego no mira para atrás/ este notario firma lo que escribo/ esta letra no la protestaré/ ahórrate el acuse de recibo, / estas vísperas son las de después/ este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos ya no lloran más por ti."
En fin, quizá ya este harto de falsedades, inmadureces y relaciones insanas. Estoy reventado de bipolaridades, falta de lealtad y sinceridad. Me siento arrinconado en la esquina, cuatro rudos me golpean y no me sueltan hasta dejarme la máscara en girones.
Pero no todo es tan dramático, ser fabricante de odios, tiene sus ventajas. Siempre existirán amigos leales, noches de tertulia incomparables, enemigos que te subestiman y terminan lloriqueando, un primo que te pide auxilio con sus apariciones fantasmales, hermanas que saben abrir tu caja de pandora, canallas que tienen las palabras exactas para alentarte y un Master Yoda que sabe cuando sacudirte y levantarte.
Escribo esto y parece que Bunbury engloba lo que siento al cantar /Nada puede dañarme con mis amigos/ nadie puede, nada puede/ las palabras no sirven para nada/y empiezo a pensar que en realidad/ hay muy poca gente/Y abrimos las puertas, quizás por costumbre/tal vez por búsqueda inocente/y nos encontramos...
Solo me resta decir que afortunadamente, hay muy poca gente.
Es decir, si algo no me agrada de una persona o situación en particular, suelo hablarlo cara a cara y hacer un señalamiento de lo que no me pareció. Pero muchas veces, me tachan de Ogro- come niños, perfeccionista o simplemente de un mamón incomprendido.
Pero que puedo hacer, no soy de los gusta vivir dualidades y hacer algo, que no va acorde a lo que digo. Tampoco me gusta poner pretextos y luego hacerme al tonto. Prefiero decir mi molestia y si eso conlleva a liquidar la relación amistosa, laboral o amorosa, pues como dice Sabina, este adiós no maquilla un hasta luego/ este nunca no esconde un ojalá/ estas cenizas no juegan con fuego/este ciego no mira para atrás/ este notario firma lo que escribo/ esta letra no la protestaré/ ahórrate el acuse de recibo, / estas vísperas son las de después/ este pez ya no muere por tu boca / este loco se va con otra loca / estos ojos ya no lloran más por ti."
En fin, quizá ya este harto de falsedades, inmadureces y relaciones insanas. Estoy reventado de bipolaridades, falta de lealtad y sinceridad. Me siento arrinconado en la esquina, cuatro rudos me golpean y no me sueltan hasta dejarme la máscara en girones.
Pero no todo es tan dramático, ser fabricante de odios, tiene sus ventajas. Siempre existirán amigos leales, noches de tertulia incomparables, enemigos que te subestiman y terminan lloriqueando, un primo que te pide auxilio con sus apariciones fantasmales, hermanas que saben abrir tu caja de pandora, canallas que tienen las palabras exactas para alentarte y un Master Yoda que sabe cuando sacudirte y levantarte.
Escribo esto y parece que Bunbury engloba lo que siento al cantar /Nada puede dañarme con mis amigos/ nadie puede, nada puede/ las palabras no sirven para nada/y empiezo a pensar que en realidad/ hay muy poca gente/Y abrimos las puertas, quizás por costumbre/tal vez por búsqueda inocente/y nos encontramos...
Solo me resta decir que afortunadamente, hay muy poca gente.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)